100 Años de vida sefardí

Isaac Sacca

Gran Rabino Sefardí de Buenos Aires. 2018.

Los sefardíes o sefarditas son los descendientes de los judíos de la Península Ibérica que vivieron allí desde antes de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, en el año 586 AC, hasta 1492, cuando fueron expulsados por los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla.

Se calcula que, en la actualidad, la comunidad sefardí alcanza los dos millones de personas. La mayor parte de ellas residen en Argentina, Estados Unidos, Francia, Israel y México.

Desde la fundación del Estado de Israel, el término “sefardí” ha sido utilizado frecuentemente para designar a todos aquellos judíos de origen distinto al ashkenazí (judíos provenientes de Alemania, Rusia y el Este de Europa).

En esta clasificación, se incluye a los judíos de origen árabe, de Persia, Armenia, Irak, Georgia, Yemen e India, que no mantienen ningún vínculo con Sefarad, es decir, con la cultura hispánica que distingue a los sefardíes.

La razón por la cual se utiliza el término indistintamente se debe a las grandes similitudes en el rito religioso y la pronunciación del hebreo que los sefardíes guardan con las poblaciones judías de los países del Medio Oriente, características que no comparten con los judíos ashkenazíes.

El hecho de que los sefardíes, al emigrar de España, se convirtieran en líderes religiosos y culturales de las poblaciones judías locales, plasmando la herencia sefardita, generó también que estas poblaciones se autoreconocieran como sefarditas.

En Argentina, de hecho, existen tres grandes Congregaciones  llamadas sefarditas, de las cuales dos son de origen árabe y una de cultura hispánica. Esta última constituye la mayor comunidad judía sefardí del mundo de habla hispana.

La creencia Sefardí

Desde el punto de vista cultural e ideológico, el judío sefardí personifica una combinación bendita para la sociedad.

Los sefardíes eran profundamente religiosos y observantes de la ley mosaica: la Torá.

Rechazaban todo elemento supersticioso que el vulgo solía incorporar a las creencias.

Además, eran sumamente abiertos para con otros cultos y religiones. Buscadores de la verdad científica sin censura y amantes del debate y la apertura mental, se sentían parte integral del pueblo judío, la nación española y el mundo.

La ley judía milenaria, aquella que no ha sido reformada, es precisamente la que los sefarditas guardaron siempre y sus rabinos se encargaron de enseñar. No tenían la necesidad de reformar la ley de Moisés, ya que poseían una capacidad intelectual y psicológica que les hacía comprender la ley y la vida con amplitud y perspectiva. Ejemplo de ello es el Rabí Moshe Ben Maimon, el famoso Maimónides de Córdoba.

Los sefarditas no utilizan el vocablo “ortodoxo”, ya que nunca existió un sistema social que pretendiera dividir la religión judía en original u ortodoxa y reformada, a diferencia de lo ocurrido en Europa Oriental, donde el Iluminismo generó un plan para reformar las milenarias tradiciones del judaísmo.

Por eso, los ashkenazíes que mantenían la tradición milenaria tuvieron que autodenominarse contra su voluntad “judíos ortodoxos”, pero, en realidad, la ideología es tradicional y única, igual que la de los sefarditas.

El Iluminismo no alteró la religiosidad sefardita, ya que siempre vivieron en un estado de iluminación combinado con religiosidad.

Sefarad

El término Sefarad comenzó a utilizarse tras la expulsión de los judíos de España en 1492.

El sefardí es heredero no sólo de una cultura, sino de un sentimiento realmente llamativo. Vivió en España durante más de 1500 años, previo a la llegada de los cristianos y los musulmanes a la península ibérica, de hecho todavía no existían esas religiones cuando los hebreos ya estaban organizados en la península. Allí afianzaron tanto sus raíces que ellos y España formaban un solo ente.

Se generó una comunidad rica desde todos puntos de vista: religiosa, económica, cultural, científica, familiar y social, y los judíos pudieron desarrollarse de manera exponencial como nunca lo hicieron en ningún otro país.

Los sabios rabínicos,  científicos y pensadores y más grandes de la historia del pueblo de Israel surgieron en los reinos de la península ibérica. Ejemplos de ello son Maimónides, Najmánides, Rabí Shelomó ibn Gabirol, Rabí Yehuda Haleví, Rabí Shelomo ben Aderet de Barcelona (El Rashba), Rabí Isaac Abarbanel, Rabí Isaac Cardoso, Rabí Yosef Caro (autor del código Shuljan Aruj), Rabí Simeón ben Zemah Duran, Rabí Bajya ibn Pakuda, Rabí Iona de Gerona, Rabí Yosef Benveniste de Segovia, Rabí Yitzhak Caballero, Rabí Hasdai Crescas, Rabí Abraham ben Meir ibn Ezra de Calahorra, Rabí Shelomo Amarillo y muchos sabios más.

La lista puede abarcar varios libros de miles de páginas con sólo nombres de los sabios de más alta erudición religiosa, sin contar los médicos, filósofos, ingenieros, artesanos, contadores, comerciantes, constructores, funcionarios reales y trabajadores de todo tipo.

Los sefardíes nunca aceptaron la expulsión de España en 1492. No podían creer que los Reyes Católicos los estaban echando. Tampoco estaban convencidos de que el pueblo lo deseaba, sospechaban que había algo detrás de esa decisión que trascendía su capacidad de comprensión. Nunca creyeron que los monarcas y el pueblo fueran los impulsores de su expulsión, sentían que había intereses ajenos, personas malvadas, envidiosas y fundamentalistas que rechazaban a quienes no creían como ellos y que estaban sedientas de sus pertenencias, tan dispuestas a apoderarse de ellas que orquestaron la tragedia.

Confiados en Di-s, abandonaron la península ibérica en silencio, con la idea de que algún día el edicto firmado por los Reyes sería revocado.

Muchos fingieron convertirse al catolicismo, pensando que pronto la pesadilla pasaría y podrían volver a sus creencias, pero esto no sucedió hasta después de varios siglos.

Los judíos nunca guardaron rencor hacia España, todo lo contrario, vivieron llenos de añoranza y nostalgia hacia la península de sus vidas pasadas.

Hoy, más de 500 años después, se cumple el sueño de aquellos sefardíes expulsados. Es verdad que a algunos sólo les quedó el folclore, la música y la comida, pero muchos otros, como en nuestra comunidad, no sólo han preservado una tradición superficial, sino también han procurado por generaciones mantener la esencia filosófica y religiosa de los sefardíes. La visión cosmopolita de la vida, el apego a la religión judía sin acomodamiento, la apertura al diálogo, el cumplimiento de los mandamientos de la Torá, el respeto y la dignidad hacia la mujer y la familia, y el respeto por los rabinos auténticos y el rechazo a la exposición publica , son algunos de los valores que pregonan. Buscan la excelencia educativa, académica y religiosa, respetan a Di-s y sus mandamientos, y aman sus vidas y las de todos los hombres sin distinción alguna.

Ser sefardí es contrario al  odio, la venganza y el rencor. El sefardí es positivo, creativo, solidario, amante de la vida,  observante de sus propias creencias y respetuoso de las de los demás.

En la medida en que descubramos la cultura sefardí auténtica y profunda, podremos aprender de esos grandes hombres llenos de alegría y amor por la vida. Quizás, todos deberíamos aprender a ser un poco sefardíes, sin importar nuestra cultura, creencia o religión.

En 1914,  una oleada migratoria de judíos de lo que era el Imperio otomano, emigraron a Argentina, con su cultura y tradición en sus corazones, cultura y tradición que habían heredaro de sus antepasados que emigraron de la península ibérica desde 1492, y ahora la llevaban con ellos la Argentina. Ese grupo de personas fundaron una organización comunitaria, establecieron un gran rabinato que vele por sus creencias y tradiciones, fundaron un cementerio, una sinagoga, un Talmud Torá, escuela, dispensario para carenciados, clubes sociales , asociaciones de fomento, asilo de ancianos y toda una red de ayuda comunitaria para los inmigrantes que venían a instalarse en este bendito país. Hoy, después de 100 años , ACISBA , la Asociación Comunidad Israelita Sefardí de Buenos Aires, conocida por su famosa y hermosa sinagoga de la calle Camargo en Villa Crespo, continúa con dignidad la milenaria tradición sefardí y sigue progresando.

Nuestra felicitación y bendición a todos los que colaboraron con esta santa misión, que enaltece el pueblo de Israel y aporta tanto bien a la sociedad.

A toda la comunidad  buenos augurios por los 100 años.

  • PUYADOS I NO MENGUADOS ,  KONSALU Y BERAJA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

18 + siete =