Por fin se edita una completa Historia de la Literatura Hebrea y Judía

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Publicado por Diego Moldes González, Madrid, 2 de febrero de 2015.

Pocas veces es más apropiado decir que un libro cubre “un vacío bibliográfico”, en lengua española en este caso, como “Historia de la literatura hebrea y judía”, libro imprescindible para todo aquel que busque un acercamiento riguroso y científico al tema.

Una vez más, la magnífica editorial Trotta , cuyo prestigio académico y bibliófilo está fuera de toda duda en diversos campos de las Humanidades, nos brinda un libro, este sí, que puede ser calificado, sin ningún género de duda, de imprescindible. Su pretensión, alcance y calado hacían imposible que el libro fuese escrito por una sola persona, por eso el trabajo de escritura y todo el proyecto, dirigido con mano maestra por Guadalupe Seijas, se repartió entre 25 especialistas (incluida la propia editora y coordinadora de la obra) en cada una de las materias tratadas. La doctora Seijas, en la Introducción (pág. 12) especifica lo vasto del proyecto, que abarca unos tres mil años de las distintas literaturas  en lenguas diversas, no sólo las vernáculas (arameo y hebreo), que el pueblo judío ha utilizado a lo largo de su larga historia para explicar el mundo y explicarse a ellos mismos.

«El título del libro, Historia de la literatura hebrea y judía debe entenderse en sentido amplio. Literatura como término que comprende la producción literaria en todos sus géneros. La división clásica de poesía, narrativa y teatro no siempre encaja en la literatura hebrea. En ello tiene que ver la influencia de la Biblia y el marcado carácter religioso de muchas de las obras que nos ocupan, como es el caso de la literatura rabínica en su conjunto. Esto explica que en esta obra haya capítulos dedicados a jurisprudencia, filosofía, obras de polémica o de filología. Por otra parte, la presente obra no se ciñe exclusivamente a la literatura escrita en hebreo, si bien ésta, como era de esperar, constituye el núcleo del libro. Bajo la denominación de literatura hebrea se han incluido tradicionalmente la escrita en arameo (Targum, Talmud, etc.) y las obras escritas en árabe sobre gramática, filosofía o ciencia por los autores hispanojudíos. En esta Historia de la literatura hebrea y judía se han incorporado, además, capítulos específicos dedicados a la literatura escrita en lenguas propias de los judíos, como judeo-árabe, sefardí o yídis. En todas estas literaturas y como no podía ser menos, se plasma la «judeidad» de sus autores y el trasfondo judío general en el que sitúan.»

Cuando uno lee el Índice (páginas 961 a 974) en seguida se da cuenta de la magnitud del libro, no sólo en cuanto a su contenido, sino a su alcance como brújula y como catalizador, como punto de partida -sumamente didáctica, pedagógica- hacia lecturas más específicas.

En este sentido su alcance desborda por completo el estudio filológico o de la Literatura Comparada (que desarrolla, si quiera, tangencialmente) y se inserta, por la heterogeneidad de tiempos, autores, perspectivas, enfoques e, incluso, tipos de escritura de sus veinticinco autores, en el campo de los cultural studies, desde una rigurosa y estricta estructura historicista. Siempre he defendido que el orden más lógico siempre es el cronológico, y en este caso, en donde un tercio del libro versa sobre la Biblia hebrea (el Tanaj), la literatura halájica -la Misná, la Tosefta, el Talmud-, los midrasim, la literatura rabínica, el Targum, o la literatura sapiencial, era imprescindible no utilizar un enfoque religioso, sino historicista. Solo así el lector lego en la materia, pero con unos conocimientos mínimos de Historia antigua y medieval, puede comprender con  facilidad las diferentes etapas literarias de la cultura judía, una de las más ricas, antiguas y fecundas que nos ha legado la Humanidad.

Es imposible resumir el contenido del libro sin caer en la simplificación de un mundo harto complejo, ya de por sí resumido en cada uno de los capítulos. No obstante, no quiero dejar de señalar aquellos capítulos que me parecen especialmente interesantes para el neófito. En este sentido, el capítulo 2, referido al Pentateuco, es muy valioso, pues en él Guadalupe Seijas explica con claridad y alta capacidad analítica, los cinco libros que lo componen: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. También porque nos hace comprender que la Biblia hebrea (llamada así, pero también escrita en arameo) es, además de libro religioso y literatura narrativa harto fértil, un libro de Derecho, de los más antiguos que existen en tanto que colección de Leyes escritas.

Me han resultado de gran interés, por poco conocidos en España, los capítulos centrados en la literatura sefardí, escrito por Aurora Romero, y la literatura en  yídis, obra de Joan Ferrer Costa. La  aparición del sionismo y el hebreo moderno como lengua del Estado de Israel, han relegado a estas lenguas tan ricas y antiguas (el ladino o judeoespañol tiene más de mil años de historia, el yídis o yídish, por lo menos, desde los siglos XIII/XIV) a una función de comunicación secundaria. Aunque hoy en día hay más de 150.000 hablantes de judeoespañol y más de un millón y medio de yídis, su función como lenguas escritas, con literatura propia, tan fértil en los siglos precedentes, parece hoy condenada a la extinción.

El volumen también nos revela datos que este lector, desconocía. Por ejemplo que el cabalismo no surgió en Castilla (Toledo) o Cataluña (Gerona), como erróneamente yo creía, sino en la Provenza, en el siglo XII. Al parecer las comunidades provenzales estaban muy relacionadas con la comunidad judía de Gerona y, es allí, por donde se introduce esta variante de la mística judía, la cábala, un mundo esotérico que ha dado pie a múltiples textos, ensayísticos y narrativos. Es probable que fuese Asher ben David, sobrino del cabalista provenzal Yisjac el ciego (1160-1235) quien introdujese la cábala [del hebreo קַבָּלָה qabbalah, ‘recibir’] en la península ibérica. Desfilan por estas páginas autores tan evocadores y misteriosos como Najmánides (1194-1270), gran rabino de Barcelona, Azriel de Gerona, Abraham Abulafia y su cábala extática o, ya en Castilla, aurores hoy casi ignotos como Yosef ibn Chiquitilla (1248-1325) o el célebre Moisés ben Sem Tob de León(1240-1305), autor de el Zóhar (Sefer ha-Zonar) o Libro del esplendor, cima de la mística judía, erróneamente atribuido durante siglos a Shimon Bar Yojai o Simeón Bar Yochai (שמעון בר יוחאי), un autor judío que vivió en la Palestina en el siglo II (discípulo de rabí Akiba ben Yosef, 40-135). La explicación de las diez Sefirot o emanaciones de la divinidad es estupenda, como lo es la narración de cómo la cábala huyó de Sefarad (la Península Ibérica) a Safed, de la mano de Moisés Cordovero, primero y, después de Yisjac Luria (1534-1572), cuya cábala luriánica devino en la doctrina definitiva del misticismo judío.

 EL CAPÍTULO «CÁBALA Y MÍSTICA» (CAP.26, PP. 597-626), ESCRITO POR AMPARO ALBA, ME  PARECE UNO DE LOS MÁS ATRACTIVOS, TANTO POR LO QUE CUENTA, SU VALIOSO CONTENIDO, COMO POR LO BIEN DESCRITO QUE ESTÁ EL TEMA AQUÍ EXPUESTO.

Destacamos también por su valía, entre otros (y sin querer desmerecer a los no citados, pues todos son de gran rigor), los siguientes capítulos:

  • Capítulo 11. Literatura halájica: Misná, Tosefta, Talmud, por Olga Ruiz Morell.

  • Capítulo 17. Introdución a la literatura hispanohebrea, por Aurora Salvatierra Osorio.

  • Capítulo 20. Los estudios sobre la lengua hebrea, por Mariano Gómez Aranda.

  • Capítulo 30. El encuentro con la modernidad: La Haskalá, por Javier Fernández Vallina.

  • Capítulo 31. Los comienzos de la literatura hebrea moderna: precursores y autores de la Haskalá, por Alicia Ramos González.

  • Capítulo 32. El renacimiento de la literatura hebrea: Ha-Tejiyy’a, por Raquel García Lozano.

  • Capítulo 37. La literatura sefardí: una breve visión de conjunto, por Elena Romero.

  • Capítulo 38. La literatura en yídish, por Joan Ferrer Costa.

Otros materiales y bibliografía complementaria. Se pueden consultar en esta misma página web un documento en pdf. de 78 páginas.

Algunos autores destacados que conviene leer (a los que somos neófitos) para ampliar horizontes: Filón de Alejandría, Saadia Gaón, Hillel el Viejo, Selomó ibn Gabirol, Yehudá ha-Leví, Maimónides, Moisés de León, Semuel ibn Nagrella, Leví ben Guershom (Gersónides), Isaac Luria, el Gaón de Vilna, Shalom Aleichem, Sh. Y. Agnon, Hayyim Nahman Bialik, Rajel Bluvstein, Saúl Tchernichovsky, Abraham Shlonsky, Débora Barón, Lea Goldberg, Yehudá Amijai, Isaac Bashevis Singer, Yoram Kaniuk, Aharon Appelfeld, Abraham B. Yehoshúa, Amos Oz, David Grossman.

En general, también tiene especial interés el papel de la mujer judía en el siglo XIX e inicios del XX como precursora del feminismo, en el campo de la literatura, el pensamiento y, por supuesto, la acción social.

El libro da pie a otro libro, una continuación, aún por escribir, de Historia de los escritores judíos, entendido como aquellos narradores de ascendencia judía que manifestaron su judeidad y judaicidad en sus relatos, desde Kafka a Joseph Roth, pasando por Bruno Schulz y cientos o miles de escritores universales.

Un especial radiofónico sobre el libro lo puedes escuchar aquí, en radio Sefarad.

Quien esté interesado en este libro, es probable que también le interese La sinagoga vacía y Los judíos de España.

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